Hace unos días se desarrolló una escena en la farmacia que me hizo reflexionar. Una persona joven, asidua de la farmacia, me dijo que hacía mala cara, que tenía mal aspecto. Yo, ilusa, esperé a continuación que se interesara por mi salud, pero cuál fue mi sorpresa cuando me dijo: “deberías cuidar más tu aspecto físico y dar mejor imagen en la farmacia”. Estupefacta, así es como me quedé. He de decir que no le repliqué, ni le expliqué que había pasado muy mala noche preocupada por problemas de salud de personas cercanas a mi. No lo hice porque no me apeteció, no merecía mi tiempo.

Si os dijera que ese comentario me lo hizo un hombre estoy segura que encontraría todo vuestro absoluto rechazo. Pero no, el comentario me lo hizo una mujer, algo que me molestó sobremanera. Y no porque me dijera que tenía mal aspecto, ya que era cierto que lo tenía. Lo que me molestó es que asociara mi aspecto físico a la imagen de profesionalidad y que el comentario fuera hecho por una mujer.

Si este comentario me hubiera pillado más joven quizá me hubiera afectado, pero a mi edad, ya no.

Me identifico plenamente con el término cinquentañera frente al de ciencuentona. Y no por la connotación negativa que parece tener este último sino porque el de cincuentañera refleja perfectamente mi estado: activa, trabajadora, inquieta intelectualmente y con la seguridad (¡y arrugas!) que me da lo vivido. Todo ello me permite ser menos manipulable por el entorno.

La Presión Social por la Belleza

Social y laboralmente se premia en demasiadas ocasiones la buena presencia, se asocia la delgadez con triunfo personal y éxito. Es verdad que en determinada medida transmitimos a través de nuestra apariencia… ¡pero con ciertos límites!. No comparto que en primer término se valora la imagen y en segundo lugar los valores personales y competencias profesionales de la persona.

La presión social por tener una apariencia acorde al canon de belleza establecido (cuerpo delgado y además musculado) hace que guardar culto al cuerpo se haya convertido en una esclavitud

Para poder entrar en una talla 36 y poder lucir músculo se llega a extremos que ponen en peligro la salud, provocando en ocasiones daños irreparables en el organismo.

 

 

La publicidad agresiva, omnipresente y que en demasiados casos no se corresponde con la realidad, causa mucho daño sobre aquellas personas, especialmente jóvenes, más vulnerables.

Cuando la exigencia de “belleza” atenta contra la Salud

El bombardeo constante de un estereotipo de belleza asociado a éxito, puede causar, en las personas con más baja autoestima que intentan alcanzarlo, daños físicos y psíquicos. 

Como consecuencia del rechazo al propio cuerpo aparecen enfermedades como anorexia nerviosa, bulimia y vigorexia. Las dos primeras más asociadas al sexo femenino y la última al masculino, si bien, con el tiempo los porcentajes tienden a igualarse. Se calcula que 8 de cada 100 adolescentes sufren bulimia y 3 de cada 100, anorexia y lo que es más preocupante, estas cifras aumentan con el paso del tiempo.

 

 

Por otra parte, muchas mujeres (cada vez también más hombres) temen envejecer y no mantener un aspecto joven. Ello les provoca daños psicológicos como ansiedad y depresión y les lleva, en ocasiones, a tirarse de cabeza a la cirugía plástica, a pasar horas interminables machacándose en gimnasios y seguir dietas extremas, esperando por ello ser más aceptadas.

Debemos aprender a envejecer sin complejos y aceptar el paso de los años

Yo tenía una abuela a la que admiraba (y me consta que mucha gente que la conoció, también). Consiguió su título de farmacia en 1929, ejerció como farmacéutica en una época en que la que era impensable que una mujer trabajara fuera de su casa. Era coqueta, más bien muy coqueta, y cada año que pasaba le aportaba más belleza: su sabiduría, su saber estar, su seguridad en si misma y las miles de arrugas que llenaban su cara y ella lucía con una sonrisa. Para mi un referente a seguir.

Debemos aceptarnos tal y como somos, no confundir el hecho de cuidarnos -mediante una alimentación rica y variada y practicando actividad física- con convertirnos en esclavos de nuestro físico

Fuentes:
IM.Médico hospitalario