Hoy me vais a permitir que no hable tras el personaje de Pills, sino que lo haga por mi misma, Virtu Roig, farmacéutica. En pocos días estaremos inmersos en el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama y evito a propósito la expresión “celebraremos” porque me parece desafortunada y es a lo que voy.

En los últimos años vengo observando como alrededor de este día distintos sectores, y para mi pesar también el farmacéutico, despliegan unas increíbles y vistosas campañas de marketing en apoyo de las mujeres que sufren esta terrible enfermedad. Y quede bien claro desde el principio que no estoy en absoluto en contra de ese apoyo, ¡faltaría más!, sino más bien de la forma que se lleva a cabo y de los mensajes utilizados. Conste que yo misma he colaborado y seguiré colaborando en alguna de estas campañas.

No entiendo que se envuelva en un ambiente festivo de globos, banderolas y lazos rosas tanto los espacios físicos como las redes sociales. Utilicemos los reclamos respetuosamente. Es lícito que, aprovechando la sensibilidad que se despierta en ese día sobre el consumidor, se ponga a su disposición la posibilidad de comprar distintos objetos con la finalidad de donar la recaudación a alguna de las asociaciones reconocidas que apoyan e invierten en la causa, pero siempre desde una actitud respetuosa hacia la sensibilidad del afectado. 

Tampoco comparto muchos de los mensajes que se utilizan para apoyar esta campaña: “eres una luchadora”, “te apoyamos en tu lucha”, “si luchas ganarás la batalla”. ¿Y qué pasa si la afectada no tiene ni fuerzas para luchar?, ¿dejará por ello de curarse?, ¿dejará de ser nuestra heroína?. ¿Cómo le hará sentir no cubrir las expectativas que de ella se esperan?.

El cáncer no es un campo de batalla, el cáncer es una enfermedad. La única lucha que debemos librar es la de conseguir recursos para avanzar en su conocimiento, acelerar su diagnóstico y mejorar su tratamiento.

Y qué decir de “la actitud”. Se espera que la enferma tenga una actitud positiva al afrontar su enfermedad. Pues bien, la actitud no le va a ayudar a curarse, le puede hacer sentir mejor pero no es “la actitud” lo que cura el cáncer. ¡Ojalá fuera tan sencillo!. Por ello no se lo repitamos hasta la saciedad porque parece que le exijamos ir con una sonrisa por la vida, dejemos que exprese libremente sus sentimientos. ¿O es que quizá nosotros nos sentimos más cómodos si la enferma sonríe?. A lo mejor lo de la actitud positiva no es más que una exigencia egoísta…

Las frases no son más que frases: “hechos, no palabras” es algo que repito en mi día a día. Quizá un abrazo o escuchar al enfermo en sus miedos le reconforte más que esas frases estereotipadas.

Ponerse en la piel del otro. Esa es la clave. Cuando emprendemos una acción enfocada al público debemos sopesar el impacto emocional que puede tener sobre este. El afectado por el cáncer o sus allegados pueden percibir que su sufrimiento, miedos e incertidumbres se frivolizan y se transforman en vistosas puestas en escena destinadas más a llamar la atención sobre el emisor que sobre el receptor de la misma. Quizá sienta que se pone más el foco en dejar claro lo solidario que es el que adorna y sube fotos a sus redes que en la propia enfermedad. Quizá y solo quizá, se sienta abrumado por no tener un espíritu luchador, por no poder poner una sonrisa radiante a su enfermedad. Quizá y solo quizá, se sienta decepcionado por no ser merecedor de semejante despliegue de apoyo.

Y para terminar, una última reflexión: para el enfermo afectado, el cáncer está presente sea o no su “Día Mundial” y necesita apoyo y comprensión igualmente en cada uno de los pasos de su camino.

 

 

Esta entrada está dedicada a mi compañero Sebas. Tienes mi apoyo incondicional.