Los antibióticos son medicamentos ampliamente utilizados y con una dualidad curiosa: tienen fans incondicionales (de estos hay muchos) y detractores acérrimos. Pero si hay algo que los caracteriza a nivel popular, es estar rodeados de mitos. Y de eso vamos a hablar hoy, de los mitos sobre antibióticos.

– Pills, el médico me ha dado un antibiótico de 250mg y eso a mi no me hace nada. Si no es de 1g como mínimo no me cura.
– Eric, cada antibiótico tiene una posología distinta y no es comparable entre ellos.
– Ya, pero es para una infección de orina, al igual que hace unos meses.
– Bueno, pero te ha cambiado a otro antibiótico y por tanto la cantidad que necesitas es distinta.

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1. El Antibiótico más fuerte es el mejor 

Para cada tipo de infección, hay un grupo idóneo de antibióticos que pueden ser utilizados porque su acción es efectiva frente a las bacterias que la producen (lo que se conoce como espectro de acción de un antibiótico). No serán necesariamente los más “fuertes”, entendiendo como tal los de más alta concentración o más amplio espectro de acción. El antibiótico seleccionado debe ser aquel que es capaz de eliminar a la bacteria que produce la infección, con la dosis adecuada a la patología, peso y circunstancias de la persona, para así resultar eficaz y minimizar los efectos adversos. 

2. La Resistencia al Antibiótico la tiene el que Abusa  

Son las bacterias las que se vuelven resistentes a los antibióticos, no las personas. Por lo tanto, tan importante es tu comportamiento frente a los antibióticos como el de el resto de los habitantes del planeta. Es un uso racional a nivel global el que nos protegerá frente a la resistencia bacteriana a los antibióticos.


3. Los Antibióticos son el mejor tratamiento para el Resfriado y Gripe

Gripe y resfriado son procesos víricos y los antibióticos solo atacan a bacterias. Es fácil entender entonces que los antibióticos no sirven para tratar estas dolencias. Puedes aliviar tu sintomatología eligiendo el antigripal más adecuado. 

4. La Fiebre debe tratarse con Antibióticos

Si la fiebre está causada por una bacteria puede ser recetado un antibiótico para eliminar su causa. Sin embargo son muchos los procesos que cursan con fiebre y no tienen origen bacteriano en cuyo caso no estaría recomendado un antibiótico.

La fiebre debe tratarse con antitérmicos tipo paracetamol, aunque es conveniente recordar que la fiebre es un sistema de alerta del organismo que pone a trabajar a nuestro sistema de defensa y por lo tanto no siempre es conveniente tratarla para eliminarla drásticamente.

5. Los Tratamientos más Largos son los más Efectivos

No hay evidencia de que mantener el tratamiento antibiótico por largos períodos sea más eficaz que los tratamientos cortos.

Muy al contrario, algunos estudios clínicos en infecciones bacterianas agudas (sinusitis, infecciones urinarias …) han llegado a la conclusión de que los tratamientos de corta duración son tan efectivos como los prolongados y tienen menos posibilidades de producir resistencia bacteriana, por lo que deberían ser los de elección. 

6. El Antibiótico baja las Defensas

Las defensas del organismo están mediadas fundamentalmente por nuestro sistema inmune y casi ningún antibiótico (salvo excepciones muy poco usadas como es el cloranfenicol) las afecta de manera específica.

Ahora bien, dado el efecto negativo del antibiótico sobre nuestra flora intestinal y vaginal, se pueden propiciar la aparición de infecciones oportunistas como hongos vaginales.

7. El Antibiótico hay que tomarlo lo antes posible

Otro importante error. Si bien es verdad que ante determinadas infecciones debemos actuar con premura, en otras ocasiones más leves es aconsejable dejar que nuestro propio sistema de defensa trabaje. Muchas de las infecciones a las que estamos expuestos pueden ser vencidas por nuestro sistema inmunológico sin necesidad de tomar antibióticos. El médico te recetará  un antibiótico si lo ve necesario. 

8. El Antibiótico Inyectado es más eficaz

La efectividad de un antibiótico no tiene que ver con la vía de administración. La vía indicada en cada caso está relacionada con el tipo de antibiótico, las circunstancias del enfermo (encamado, dificultad en la deglución …) y la localización de la infección (no trataremos por la misma vía una pequeña infección en la piel que una infección de orina o una infección en la sangre).

9. Siempre hay que tomar un “Protector de Estómago” con el  Antibiótico

Los síntomas del sistema digestivo asociados con el uso de antibióticos son frecuentes, pero no se solucionan con la toma de omeprazol,  (incorrectamente llamado protector gástrico). En algunos casos, el uso en el mismo momento de ambos medicamentos puede alterar la absorción gástrica del antibiótico, disminuyéndola o aumentándola, como es el caso de la Claritomicina.

Los procesos gástricos producidos por los antibióticos, en especial la diarrea, son debidos a la eliminación indiscriminada que estos hacen de las bacterias de nuestro intestino (tanto malas como buenas) y su prevención adecuada debe realizarse, en caso necesario, con la toma de probióticos. 

10. Los Antibióticos deben tomarse siempre con Comida

Los alimentos pueden, en algunos casos, disminuir (caso de la azitromicina) o enlentecer (caso del ciprofloxacino) la absorción de los antibióticos y por lo tanto reducir su eficacia. Consulta en tu farmacia en qué condiciones debes tomar el antibiótico que te han recetado.

Y recuerda, en el caso de que te indiquen que debe tomarse en ayunas debes calcular como mínimo una hora antes o dos horas después de ingerir comida.


11. Se Puede consumir  Alcohol con Antibióticos

Determinados antibióticos (metronidazol, algunas cefalosporinas) al ser mezclados con alcohol pueden provocar importantes efectos indeseables (sudoración, palpitaciones, taquicardia).

En otras ocasiones, si el antibiótico suministrado se elimina del cuerpo por vía renal, es decir por orina, puede ver disminuida su concentración y por tanto eficacia (doxiciclina, eritromicina). Esto es debido a que el alcohol aumenta la excreción renal y el antibiótico, al ser tomado con alcohol, se eliminará demasiado rápido del organismo.

Sin embargo, otros antibióticos no se ven afectados directamente por la ingesta de alcohol, aunque hay que dejar claro que la toma de alcohol en cualquier cantidad y circunstancia es siempre perjudicial para la salud.

Por todo ello, mi recomendación es que evites tomar alcohol y antibiótico juntos. En el caso de prever una ingesta esporádica, como una copa de vino en una cena, consulta previamente en tu farmacia si es adecuado o no según el antibiótico que estés utilizando. Aunque como te digo lo mejor sería que no consumieras alcohol.

12. La Alergia a un Antibiótico se manifiesta en su Primera Toma

Las alergias a los medicamentos y por ende a los antibióticos no se manifiestan necesariamente en su primera toma. Pueden manifestarse tras haberlo tomado con anterioridad y la reacción haber sido tan insignificante que te pasara desapercibida. Si sospechas de una reacción alérgica debes dejar de tomar el antibiótico y consultar con el  médico a la mayor brevedad.

Un hecho habitual es confundir alergia (respuesta inmunitaria excesiva) con intolerancia (no está implicado el sistema inmunológico). Una diarrea es intolerancia, no manifestación alérgica. Este punto es importante, ya que personas que se autoetiquetan de alérgicas, en realidad, no lo son y pueden beneficiarse del tratamiento antibiótico, tomando las medidas oportunas.

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Fuentes: Stockley: Interacciones Farmacológicas.

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